¡Hola, familia bonsailera!

No, no os vamos a dar consejos para acabar con vuestros bonsáis, al contrario, os pondremos sobre aviso acerca de ciertas afamadas artimañas tenidas como soluciones a problemas que se pueden volver en nuestra contra si no tenemos en cuenta los pequeños detalles.

Las grandes mentiras del bonsái:

Haciendo honor a la verdad no son mentiras como tales. Una buena mentira estará imbuida de verdades para ser más creíble. Pero no enfademos a nadie, porque los trucos que vamos a destripar para estirpar de su interior la podredumbre de la mentira, el engaño, la incitación al error o el despiste más funesto, nunca, repito, nunca, se han puesto en manos de la afición al bonsái de forma malintencionada. La explicación a esto es sencilla: cuando dos personas hablan de bonsái teniendo el mismo nivel de conocimientos, a veces, omiten cierta información que ambas partes conocen sobradamente, por contra, el problema llega cuando esa escala no está pareja. La persona con menos experiencia puede malinterpretar un consejo o pasar por alto algún detalle por puro desconocimiento y eso es lo que queremos dejar claro en esta entrada.

Esta información os sonará de haberla recibido en artículos de revistas especializadas o en libros dedicados al bonsái, así como en foros de internet, videos o incluso en clases presenciales.

1. Inclinar la maceta para mejorar el drenaje.

-¿Esto puede matar mi bonsái? ¡Pero si funciona perfectamente!

La respuesta es un sí rotundo para las dos frases.

Si regamos un bonsái y lo dejamos escurrir hasta que deje de gotear agua y luego levantamos la maceta hacia cualquiera de sus lados, veremos que vuelve a caer agua. Es lógico y normal. Si echamos una pequeña cantidad de agua sobre una superficie hidrófoba perfectamente horizontal el agua no cae, se queda formando un charquito. Es poca cantidad la que se mantiene de esta forma atrapada en la base de las macetas y las raíces la absorben con rapidez. Sin embargo, ¿qué pasa al inclinar la maceta? Vamos a verlo.

Tenemos ahí una maceta normal con buenos agujeros de drenaje, por contra, si regamos en una maceta así y la mantenemos inclinada ¿qué pasa?:

¡Charco al canto!

Es de suponer que estabais imaginando lo que sucedería. Pues eso, familia bonsailera, es un problemón, un gigantesto grano en el culo.

Y si en vez de tumbarla hacia un lado, lo hacemos hacia adelante o hacia atrás, la acumulación de agua será mayor.

-¿Entonces no podemos inclinar las macetas de nuestros bonsáis?

-Depende.

-¡Ya estamos con las infinitas variables del bonsái!

Pues sí, familia bonsailera, el poder inclinar o no la maceta va a depender de cómo tenga dispuestos sus agujeros de drenaje/anclaje. Si no hace charco, adelante, la podremos dejar así tanto tiempo como queramos. Nuestra recomendación, si no evacúa el exceso de agua porque no tiene agujeros suficientes, es: levanta la maceta para que caiga el exceso de agua y luego la colocas bien de nuevo.

-Pero, si la tengo que mantener inclinada sí o sí porque cambié el diseño de mi bonsái e implica un nuevo ángulo de plantado ¿cómo lo hago?

Pues hay varias posibilidades.

A- Hacer un saca-mete: Se quita la maceta evitando cortar raíces y se coloca en su nueva posición dentro de otra maceta rellenando con sustrato.

B-Se hacen agujeros de drenaje nuevos para que no se acumule el agua. Claro, si la maceta es de cerámica y además, de calidad, no vamos a taladrarla.

C- Regamos en su posición original y, una vez ha escurrido, lo colocamos con su nuevo ángulo hasta el siguiente riego. Si es un bonsái pequeñito, no hay problema, si es más grande pues es un coñazo infumable y por no moverlo se da dinero.

Cada cual que elija la opción que más se adapte a sus necesidades.

2. Los quesitos y el saca-mete.

-¡Pero si acabas de aconsejar un saca-mete! ¿Cómo nos recomiendas algo que puede matar un bonsái?

-¡Espera, espera, que lo explico!

En casos como el anterior puede ser la mejor opción para el cultivo del bonsái debido al fototropismo (tendencia natural de crecimiento hacia la luz) para evitar que nuestro árbol se desarrolle torcido hacia el sol (por el cambio de ángulo de plantado).

En otras circunstancias como el deterioro del sustrato o de la salud de la planta, o también, la rotura de la maceta por un acidente fuera de época de trasplante, tenemos que meter el cepellón intacto dentro de otra maceta más grande con nuevo sustrato.

Hay un supuesto más, los famosos ‘quesitos’. La técnica consiste en que, al trasplantar un bonsái con un sustrato muy deteriorado o que se ha llenado de raíces por posponer mucho tiempo el momento de la renovación de la tierra, a veces, se recomienda cortar quesitos (como los del trivial) para favorecer la circulación del agua y la oxigenación de las raíces sin tocar demasiado el resto del cepellón para evitar un trasplante agresivo. Incluso es el método de trasplante indicado para las azaleas en libros y guías especializados.

Esta imagen sacada de internet muestra la técnica de cortar ‘quesitos’ en una azalea.

¿Cuál es el problema? La diferencia de porosidad del cepellón con el sustrato nuevo.

¿Eso cómo se come? Pues, por un lado tenemos una parte llena de raíces, sustrato degradado, etc. que está muy compacta y que tiene poca permeabilidad, es decir, cuando regamos cuesta hidratarla y, del mismo modo, tarda más en secarse y, por el otro, nos encontraremos con suelo nuevo, suelto, drenante y que se seca más rápido. Si olvidamos que tenemos esa diferencia tan grande dentro del mismo recipiente nuestro cepellón se secará muy lentamente y, como alrededor se deshidrata más rápido, volveremos a regar causando podredumbre de raíces. Como añadido, el caso contrario, si no nos aseguramos de que el cepellón se humedezca correctamente, con cada riego irá estando más y más seco pudiendo derivar en un ‘secón’.

Hemos de decir que, una vez que las raíces salen de la zona compacta y entran en la parte nueva no tendremos este problema, aunque aparecerá otro.

-¿OTRO?

Sí, el arból se adaptará a las nuevas condiciones, nuestro cultivo también y claro, el bonsái, al poder crecer con ‘alegría’ en tierra nueva, perderá, poco a poco, las raíces finas en el interior. Entonces, la solución a una cepa demasiado compacta se volverá en nuestra contra, bueno, más en contra de la salud de nuestro bonsái.

¿La solución? Asegurarse que regamos correctamente. Podemos regar por inmersión cada cierto tiempo para garantizar la hidratación completa y, para que seque lo suficiente, deberemos hacer riegos superficiales o sobre el sustrato nuevo solamente. Resumiendo: control riguroso y exacto vigilando exahustivamente el grado de humedad para que sea perfecto.

La alternativa más segura a la técnica de los ‘quesitos’ es hacer un traplante por partes, es decir, en vez de cortar una zona sin más, la limpiamos de sustrato viejo desenredando las raíces podando las defectuosas o enfermas. En este proceso, al estar muy dura la tierra o muy apretadas las raíces, estas se dañan con facilidad, de ahí el quitar esos cachos. Sin embargo, ¿no será mejor limpiar una zona aunque se dañen algunas (o muchas) raíces que cortar sin miramientos? Solo necesitaremos agua, un palillo y paciencia, mucha paciencia.

3. El escudo de plata.

¡Esta sí que es buena! Con ese nombre podemos imaginarnos a Aquiles desembarcando en la playa de Troya…

Pero, ¿en qué consiste? Se trata de un sistema para proteger a nuestros bonsáis del calor del soplete cuando trabajamos madera muerta.

-Un momento, si está muerta, ¿qué peligro hay?

Pues mucho, mucho peligro. Os explicamos el método. Se basa en colocar un trozo de papel de alumino entre el fuego del soplete y las partes vivas, porque, recordemos, el calor se desplaza en todas direcciones. Si la madera se encuentra al lado contrario del verde, seguramente no haya mayor problema, pero no siempre es así.

Ese pedazo de ‘papel de plata’ puede usarse solo, envolviendo un pedazo de cartón, madera o corcho e incluso sobre un paño húmedo, mas esto no es óbice para que el calor pueda llegar de manera lesiva sobre los tejidos vivos. Si aplicamos una llama sobre cualquier superficie durante un tiempo prolongado o en repetidas ocasiones, la temperatura se va sumando haciendo que cada vez retenga más calor y, dependiendo de su reacción frente al fuego, nos dará pistas (cambio de color, inicio de llamas…) o no lo hará y ahí se halla el peligro. Si lo hacemos sin miramientos podemos quemar los tejidos solo por ‘radiacción’. En este caso, el fuego se desplaza desde la llama en todas direcciones. Un ejemplo perfecto es el calor que nos llega desde el sol.

La otra forma de movimiento del calor es por convección, es decir, fluye por el aire, lo calienta y sube con él. Depende de la dirección e intensidad del viento. Un fuerte viento lateral hará que se mueva en su misma dirección a la vez que sube hacia arriba.

Y existe una tercera, la conducción. Si calentamos una cuchara en su punta, al final el calor llegará hasta su punto más alejado quemando la mano que la sujeta.

Como mejor consejo lo ideal es poner la otra mano en la dirección dominante del fuego. Al aplicarlo con un soplete tendremos calor más suave en todas direcciones, uno más intenso hacia arriba y el que da más intensidad será en la punta de la llama.

Cuando damos fuego en un shari, al lado de la vena viva, pondremos los dedos tocando esta y tendremos en cuenta la dirección de la llama y el calor que sube principalmente. No olvidemos la conducción. Si le damos mucha caña a una zona se va a calentar bastante aunque quitemos el soplete y volvamos a incidir después (tardará en enfriarse).

Cuando estemos protegiendo cualquier parte y notemos que nos ‘quema’ la mano (que no nos queme, pero ese momento en el que decimos: ¡jodo! En ese punto el instinto nos hace quitar la mano, pero debe quedarse en su sitio, en cambio, lo que sí haremos será alejar el soplete de la zona en cuestión y de lo vivo en general o, incluso, lo apagaremos. Como precaución, una vez hecho esto, pulverizaremos agua en la zona para enfriarla..

El usar papel de alumino es porque el aluminio no se quema (sí lo hace a partir de 660ºC), si lo ponemos bajo la pizza en el horno a 250ºC el aluminio no se quema. Cuando vamos a sacar la pizza podemos coger del papel de aluminio sin quemarnos, sin tocar nada más, claro (sobre todo partes del horno [paredes, cristal, rejilla o bandeja]). Sin embargo, si nos descuidamos y ponemos la mano donde se encuentra la pizza, ahí el aluminio sí quemará. Esto quiere decir que el calor prácticamente lo traspasa. Pensemos en eso al usar el ‘escudo de plata’ sea de lo que sea la capa de protección que pongamos al otro lado. Tardarán más o menos en coger calor, pero lo acaban cogiendo y lo traspasan por los tres métodos mencionados, a saber, radiacción, convección y conducción.

Si ponemos un paño húmedo, poco a poco, el agua se irá evaporando según se va calentando y podemos llegar a cocer la rama o tronco. No recomendamos ningún escudo que no sea humano y el humano ha de ser el mismo que el que maneja el soplete.

Así que pondremos la manita delante y cuando notemos calor, retiraremos o apagaremos el soplete. Si quitamos la llama y rápidamente volvemos a la zona, nuestra mano seguirá caliente y aguantaremos menos tiempo el calor. Ese mismo calor ‘residual’ es el que puede causar daños. Seamos pacientes y hagamos el trabajo son sumo cuidado.

Esperemos que os sirva de ayuda en vuestro cultivo.

Recordad que si alguien os dice:

– ¿Vas a regar hoy? ¡Pero si ha llovido!

Decidle que AGUA DEL CIELO, NO QUITA RIEGO.

¡Hasta pronto!

David.

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