Por desgracia, no todos los aficionados al bonsái disponemos de “instalaciones adecuadas”. Muchos no tenemos finca, chalet, terreno o jardín y nos tenemos que conformar con una terraza, un alféizar más bien estrecho o… un hueco.

Sabiendo que son bastantes los que sufren en silencio, hoy os traemos un artículo en el que os explicaremos, con un caso real, cómo hemos montado un pequeño jardín en una terraza corredera típica de un piso en una ciudad.

Vamos a separar los distintos elementos del proyecto puesto que muchos de vosotros podéis tener circunstancias diferentes: puede que algunos ya tengáis dónde poner los árboles, otros puede que ya tengáis un sistema de riego… En este caso partíamos totalmente de cero, así que os lo mostraremos entero.

Me gusta el bonsái, pero no tengo jardín, ¿qué hago?

Lo primero que necesitas es identificar dónde vas a colocar los árboles. Aparte de la necesidad de más o menos sol según la especie y del número de árboles que quieras poner, el otro factor crítico es el riego. En nuestro proyecto, como ocurre con la gran mayoría de terrazas, no disponíamos de una fuente de agua cercana, así que hemos tenido que “inventarla”

El proyecto

El plan de nuestros intrépidos bonsaileros de balcón era poder poner entre 5 y 6 árboles de tamaño pequeño-medio en la terraza. Contamos con una terraza corredera con orientación sur y, como decíamos, sin toma de agua cercana, de entre 1 y 1,5m de ancho que tiene que permitir el paso de personas y un espacio máximo de 130cm para los árboles, que deben quedar encajados por dentro de la estructura de la barandilla (ya que de no hacerlo, no permitirían el paso)

El mueble

Desde el primer momento se planteó la idea de tener un mueble en dos alturas para poder alojar el máximo número de árboles. Debido a lo estrecho de la terraza, optamos por ponerlo justo frente al ventanal corredero de acceso. Así conseguimos dos cosas: Que los árboles se vean desde dentro de la vivienda y, sobre todo, ganar unos centímetros de ancho que nos permiten añadir una segunda planta para colocar árboles (que no podríamos añadir situando el mueble en otro sitio ya que no permitiría el paso)

Puesto que el espacio para el mueble es más largo que el hueco de la puerta, optamos por hacer el segundo piso solo hasta la mitad del mueble, de manera que la parte derecha permita el paso, pero ganemos espacio para un par de árboles en la zona izquierda.

En un primer momento nos planteamos fabricar el mueble nosotros mismos a partir de listones de madera de varios grosores, pero después de echar un vistazo por internet, encontramos un banco de terraza en Ikea que se adaptaba casi perfectamente a nuestras necesidades y medidas. Aparte de la obvia ventaja por no tener que montarlo, se trata de un mueble pensado para estar en el exterior (eso no significa que no haya que darle algunos cuidados) por lo que está tratado y además, estéticamente, es bastante bonito (y como veréis, la estética del proyecto ha sido un factor importante)

Para añadir el segundo piso hemos tenido que hacer un poco de bricolaje. Como es lógico, el banco no tiene dos pisos así que, para añadirlo, recurrimos a una estantería de la misma línea de producto (con lo que va a juego en color y diseño). Para poder apoyarla usaremos una de las patas del banco pero, al ser más o menos la mitad de larga que él, necesitamos añadir otro punto de apoyo. En este caso, crearemos una pata nueva con los recortes de una segunda estantería, que hacemos listones y fijamos al mueble junto con un nuevo travesaño inferior que la fija al travesaño original del banco para darle solidez. Puede parecer complejo pero únicamente requiere recortar la segunda estantería y usar dos laterales juntos como pata y otro trozo como travesaño. La gran ventaja es que, al ser de la misma línea de producto, toda la madera es igual, con lo que el resultado final es bastante uniforme.

Ahora nos encontramos con el problema de llevar el agua hasta los árboles. En cualquier otro sitio os dirían que basta con fijar de alguna forma los tubos de riego a las macetas, de forma que todo quedaría lleno de tubos negros bastante poco estéticos. Como os decíamos, para este proyecto el diseño y la imagen era un factor clave… ¿por qué hacer algo feo si puedes hacer que funcione y encima, que sea bonito?

Para lograrlo, decidimos disimular los tubos y difusores del riego usando unos tubos de cobre de calefacción. Además de tenerlo todo organizado, dan al mueble un toque más industrial y hacen que los árboles se vean más que si tenemos un montón de tubos para llevar el agua.

En nuestro caso, usamos unos tubos de cobre de tamaño medio que abrimos longitudinalmente con ayuda de una Dremel para poder meter por dentro los cabezales del sistema de riego. Usamos un desvío en T y varios codos para lograr los giros necesarios. Para fijarlos, usamos unas sujeciones de calefacción que dan un aire bastante industrial y se fijan fácilmente atornillándolas al mueble. Puesto que no va a soportar peso, el único objetivo es que mantengan el tubo fijo a la estructura. Y como no se mueve, no es necesario soldar ni fijar los tubos unos a otros, lo que permite poder desmontarlo con facilidad para acceder a los tubos y difusores.

Puesto que los tubos están abiertos totalmente, este sistema es completamente personalizable y podemos poner tantas salidas para riego como queramos y dónde queramos. Esto es importante porque si los árboles cambian de sitio y el sistema es fijo, necesitaríamos hacer agujeros o adaptarlo. De esta forma, basta con añadir más o menos tubo de conexión en el interior del tubo de cobre. Las boquillas se sacan fácilmente, así que se puede cambiar la distribución en pocos minutos sin desmontar nada.

Tubo seccionado con salidas para el riego

El riego

Vamos a ser sinceros y diremos que hemos ido aprendiendo sobre la marcha a la hora de montar el sistema de riego. Como es lógico, tenemos dos problemas a solucionar: Al no tener grifo, la presión del sistema va a ser limitada. Y segundo, no estamos en un jardín donde ponemos los aspersores y que llueva lo que quiera. Estamos en una terraza, con vecinos, ventanas… que no se pueden mojar ni inundar, por lo que el rango del riego debe estar bastante controlado.

En un primer momento pensamos que el riego por goteo podría ser suficiente para mojar las macetas. Optamos por adquirir un sistema de riego urbano por goteo de Gardena, que incluye una bomba, unos difusores de goteo y los tubos necesarios.

Tras las primeras pruebas nos dimos cuenta, claramente, que el riego no era suficiente. Para no tirar el equipo que acabábamos de comprar, decidimos reorientarlo para convertirlo en un sistema de riego más potente.

Usando los difusores de riego que vienen en el kit, encajamos unos tubos que van hasta el sustrato de las macetas. Es importante, si vas a usar el mismo sistema, que desenrosques el cabezal del difusor y saques con una aguja o similar una bola de goma que tienen en la punta (que es lo que hace que salgan solo gotas)

Con ayuda de una Dremel y una broca muy pequeña (aunque se puede hacer con una aguja caliente, un clavo…), hacemos un número adecuado de agujeros en los tubos por los que saldrá el agua. Aunque la presión de la bomba es muy baja, será suficiente para lo que buscamos.

Hemos probado dos tipos de circuitos: Uno doble a ambos lados de la maceta que riega hacia adentro cruzando los chorros y otros con forma de C fijados a la maceta que rodean el tronco. Es importante recordar hacer una C y no usar una T que cierre el círculo porque con el segundo sistema no podremos sacar el árbol sin desmontar el circuito, mientras que con el primero, sí.

Es importante hacer algunos agujeros inclinados hacia arriba sobre el eje longitudinal y otros hacia abajo, sobre la cara interior de la C (hacia la maceta y el tronco) De esta forma, algunos riegan más lejos, otros directamente el sustrato y siempre están orientados hacia el tronco, lo que hace que no se salga agua en exceso fuera de la zona de la maceta: Menos agua gastada y menos problemas con los vecinos.

Para conseguir que las C se mantengan en su sitio hemos añadido dos alambres, que actúan de tutores, fijados a los tubos con otros alambres más pequeños. De esta forma se mantiene la curva del tubo y, fijándolos al sustrato con unos pequeños alambres con forma de mango de paraguas, se consigue que el agua no se salga.

De momento, este sistema riega los árboles lo suficiente como para poder irnos de vacaciones sin miedo, pero ya os avisamos que seguimos investigando para buscar alguna solución más efectiva… y quizá algo más estética con la que eliminar los tubos que se ven ahora.

El nebulizador

Uno de los factores que más preocupación nos producía a la hora de tener los árboles en una terraza era el calor extremo del mismo edificio. Contamos con alguna especie que necesita sol, por lo que tener un toldo no era una buena idea, pero al no estar en un jardín regado, puede que el suelo y el mismo ladrillo del edificio aumentasen mucho la temperatura de la zona, haciendo daño a los árboles.

Por ello y siguiendo las recomendaciones de David, empezamos a pensar en cómo añadir un sistema de nebulización de agua al proyecto. Este sistema es bien conocido por su uso en terrazas: Cada poco tiempo sale una nube de agua que aumenta la humedad y refresca el ambiente, dos objetivos muy interesantes a conseguir en nuestro caso.

Pero volvíamos a tener el mismo problema que antes: Todos estos sistemas funcionan con un grifo… y no tenemos. La bomba del sistema de riego es de escasa presión y va justa para regar nuestro sistema, imposible que nebulice agua.

Y aquí es donde acudimos a otros hobbies donde este tipo de problemas ya están solucionados. En nuestro caso, echando mano de un equipo de humificación para reptiles. Por internet, adquirimos en una tienda especializada un equipo básico y con un precio bastante razonable que consta de una pequeña bomba de 15bar de presión (la de nuestro riego tiene 1bar), dos difusores nebulizadores, un filtro para la bomba y tubería de plástico para la instalación y la bomba.

Su instalación es tremendamente sencilla: Al ser una bomba que funciona en seco, no es necesario meterla en el agua, con lo que se mete un tubo hasta el agua, se acopla el filtro, se pone el tubo de distribución en los difusores… y listo.

En nuestro caso, inicialmente pensamos en poner los nebulizadores sobre la puerta de la terraza o fijados a la barandilla tras los árboles. La primera idea la descartamos. La distancia era buena y la humedad se distribuía de forma más uniforme, pero en cuanto hace un poco de aire el agua no llega a los árboles. La segunda también la descartamos porque dejaba la instalación al sol y, al no estar todo el rato encendida, podría alcanzar temperaturas altas y echar el agua caliente sobre los árboles.

Al final, optamos por una posición central entre los dos niveles. Las nubes salen hacia arriba , son bastante amplias y humedecen un área importante. Por el momento lo dejamos funcionar así aunque esta parte también puede que evolucione. Nosotros no hemos querido liarnos más, pero es posible adquirir más nebulizadores y montar un circuito más largo fácilmente (por ejemplo, con un nebulizador en cada esquina) ya que la bomba soporta hasta 8 dispensadores. Probablemente lo hagamos en un futuro.

El depósito

Como es lógico, al no tener toma de agua, de algún sitio debemos sacarla para poder regar. Todo nuestro proyecto se basa en el uso de un depósito de agua rellenable por interacción humana (o sea, que lo tienes que rellenar de vez en cuando) Como depósito vale cualquier elemento capaz de alojar el agua suficiente. En nuestro caso, es una simple caja de plástico.

Como ya hemos dicho, la estética del proyecto era importante para nosotros, así que hemos añadido un baúl de la misma línea de muebles de exterior que el banco y las estanterías para guardar la instalación y que no se vea. Dentro del mueble irán el depósito, la bomba del nebulizador, el filtro y los excesos de tubos.

Es muy importante a la hora de añadir el depósito tener en cuenta su capacidad y el espacio disponible. Debemos tener en cuenta el número de riegos máximos que necesitaremos y el gasto de agua de cada uno. Eso y el número de días que queremos que funcione “por su cuenta” determinará la capacidad necesaria y el espacio que tendremos que dedicar. En nuestro caso, el depósito tiene unos 35l de capacidad. Hemos intentado buscar la medida máxima que entrase en el mueble (y no ha sido sencillo) dejando algo de espacio para el resto de la instalación. Esto, unido al sistema de control del riego que os explicaremos ahora y al trabajo a la hora de montar el sistema de tubos, hacen que podamos regar de forma automática nuestros 5 árboles actuales aproximadamente 10 días sin supervisión. Y otro punto a tener en cuenta: en caso de necesitar algún tipo de supervisión (por ejemplo, nos vamos 15 días de vacaciones y nuestro depósito no llega a tanto) lo único que necesitamos es que alguien pase por nuestra casa y rellene el depósito. No se tiene que preocupar de nada más.

Aparte del depósito, hemos añadido una pequeña caja de plástico estanca (típica del todo a 100) en la que hemos metido y atornillado la bomba del nebulizador. Es importante recordar que esto va a estar en el exterior y no es conveniente que se moje. El sistema para reptiles está pensado para estar dentro de casa, así que hay que tenerlo en cuenta para su parte eléctrica.

El temporizador

Esta es, probablemente, la parte a la que más imaginación hemos tenido que echar… y seguramente la solución que más te va a sorprender, aún así, estamos muy contentos con la funcionalidad y nos alegra haber podido incorporar elementos tecnológicos al proyecto que, además de funcionar genial, nos dan un plus de comodidad y posibilidades.

El problema inicial lo encontramos con el temporizador que viene de serie con el sistema de goteo Gardena. Es capaz de poner riegos entre 1 y varios minutos, entre 1 y varias veces al día, lo cual debería valer. El problema llega cuando nos damos cuenta de que no se puede establecer un horario. Entendemos (porque tampoco las instrucciones lo especifican) que podemos regar a intervalos de 8h, por ejemplo, durante 1 minuto… pero no podemos decir cuándo tiene que empezar ni si queremos regar con otra frecuencia (por ejemplo 2 riegos más cercanos en las horas más calurosas), ya que el horario se maneja con un dial analógico.

El segundo problema lo encontramos cuando nos damos cuenta que ese minuto mínimo que incluye el programador es muchísimo tiempo ya que, pasados unos segundos, el agua chorrea por la parte inferior, lo que supone que sobra.

En el nebulizador la cosa es peor, porque no trae temporizador. Sí se puede comprar uno digital especial que permite la programación por minutos. El problema es que solo deja 4 encendidos al día. Esto puede valer para el riego, pero en ningún caso para la nebulización que queremos, que debe ser de pocos segundos cada pocos minutos y muchas veces al día.

¿Cómo solucionarlo? Pues en este caso hemos acudido a la domótica para conseguir el resultado que queremos.

Hemos combinado el Amazon Echo que tenemos instalado en casa con dos enchufes compatibles con Alexa TP Link Tapo, sencillos y baratos.

Básicamente hemos enchufado los Tapo a la corriente y hemos conectado a ellos tanto el programador de Gardena (que está puesto en apertura continua) como el enchufe de la bomba de nebulización. Siguiendo las instrucciones de instalación de los Tapo (enchufarlos, activar el bluetooth del móvil, bajar su app y añadirlos a Alexa con la app) hemos creado dos grupos de rutinas para que los enchufes se activen y desactiven solos individualmente siguiendo esos programas:

Por un lado, para el nebulizador, un programa que abarca una hora en el que el nebulizador se enciende, espera 5 segundos, se apaga, espera 10 minutos y vuelve a empezar. Clonando la rutina y cambiando la hora de inicio cubrimos todo el día de 9 de la mañana a 9 de la noche (por la noche lo apagamos porque la bomba hace cierto ruido) Así, de forma totalmente automática y gracias al wifi de la casa, el enchufe inteligente enciende y apaga el nebulizador durante 5 segundos cada 10 minutos de 9 a 9. Esta es una frecuencia totalmente imposible de conseguir con un programador manual o digital (al menos ninguno que hayamos encontrado… y hemos mirado bastante)

Para el riego las instrucciones son las mismas, pero cambiando la hora y la duración de las conexiones y las desconexiones.

Realmente es un poco más complicado que un programador normal y requiere tener un Alexa (aunque quizá es posible hacerlo con otro enchufe sin Alexa compatible con la aplicación de automatismos IFTTT), pero el sistema ofrece algunas ventajas más que considerables: Es totalmente personalizable por segundos desde 5 segundos hasta 5h, a la hora que quieras y las veces que quieras. Puedes mandarte notificaciones al móvil para saber si se ha regado o no con lo que, si falla, lo sabrás y podrás poner remedio. Se puede activar o desactivar el riego de forma manual desde tu teléfono móvil aunque estés al otro lado del mundo… o si quieres, regar por voz diciéndole a Alexa que lo haga.

Al estar conectados a este sistema, es probable (aún no hemos tenido tiempo, pero vamos a investigar) encontrar otros elementos con los que combinar la información, por ejemplo, con una estación meteorológica compatible podemos regar más o menos en función de la temperatura o la humedad ambiente en la zona de los árboles.

Otra funcionalidad disponible sería poder ver los árboles a través de una webcam o cámara de vigilancia compatible y saber si se ha regado, si ha sido poco…

Es cierto que todas estas aplicaciones requieren una inversión y quizá sea demasiado en vuestro caso, pero sin duda es interesante ver cómo el equipamiento para otros hobbies, los muebles desmontables o la tecnología nos pueden ayudar con nuestros árboles de formas interesantes y que nos permitan, aunque no tengamos un sitio perfecto, tener un rincón que disfrutar al asomarnos a una ventana.

Esperamos que os haya gustado

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