¡Hola!

En la mitad norte de España, los meses de mayo y junio son los ideales para trabajar las especies que adoran el calorcito y en la primera visita tras el confinamiento, nos trajimos una azalea para trabajar en el estudio.

Curiosamente esta satsuki no había empezado a brotar. Ni tan siquiera los capullos de flor se atrevían a engordar. El cliente la adquirió de alguien del levante y claro, Burgos es bastante más fresco. Si a esto sumamos un riego automático demasiado generoso y, como veremos después, un sustrato más apretado que los tornillos de un submarino, nuestro bonsái va a sufrir exceso de riego con la consiguiente podredumbre de raíces o ataque fúngico.

Así llegó al estudio.

Podemos observar que, sobre todo, la parte superior tiene una tonalidad amarillenta.

Detalle de las hojas dañadas.

La superficie del sustrato está sumamente ennegrecida y es, junto a todos los factores explicados anteriormente, la causa del debilitamiento del bonsái.

Nuevo frente.

Con este nuevo frente realzamos el movimiento del tronco del árbol que antes se veía demasiado recto. Al levantarlo de la izquierda acentuamos esa dirección del árbol.

Poda al “estilo seto”, como siempre.

Hacemos esta primera poda de desbaste conservando la zona del ápice casi sin cortar. Esto nos sirve para poder “ver”, porque si no es imposible saber qué cortar y qué no. Si esta azalea era casi una bola verde imaginad cómo sería si estuviese en flor y brotando (recordemos que es una variedad de hoja y flor grandes).

Ahora procederemos a podar ramas innecesarias o, si la estructura es correcta, a seleccionar brotes y ramitas.

No hubo suerte. ¡Es un galimatías!

En árboles así no podemos vacilar a la hora de eliminar ramas defectuosas porque eso va a ir en contra de la calidad de nuestro bonsái y, como no, de su salud. Cuanto más retrasemos estos trabajos, peor, porque más marcas van a quedar, más difícil será cerrar las heridas, más se notará el vacío que van a dejar estas ramas, en resumen, ¡tijera!
Una estructura bien trabajada y ordenada da una sensación de naturalidad fuera de lo común. Veremos un ejemplo de esa sensación de artificialidad más abajo.

Cortamos lo innecesario.
Observad el agujero que ha aparecido solo con esa poda en la rama más baja. Comparad con tres fotos más atrás.

Solo con cortar esas pocas ramitas la rama ya respira, pero arreglaremos completamente la estructura para que esta azalea pase de ser un buen bonsái a uno excepcional, uno de esos a los que no se puede poner un pero técnicamente.

Terminada la poda y selección de ramitas en la Ichi no eda.

La diferencia es notable. Pasemos ahora a la rama principal:

Otras, al menos, cuatro ramas naciendo del mismo punto.
¡Las damos tijera!

Siempre lo haremos teniendo en cuenta la disposición de las ramas que vamos a conservar. Aquí se ha cortado solo una de todas las que sobran. Esta se ha eliminado para permitir que se pueda observar el nacimiento de la rama.

Las dos ramas más bajas ya terminadas.
Otra miríada de ramas…
Tras la poda.

Al cortar ramas grandes dejaremos un tocón que rebajaremos al año siguiente.

La rama de al lado está peor.
Cortamos.
Vista lateral.

Este inmenso abultamiento se habría evitado si se hubiese hecho esta poda en su momento. Ahora toca tratar de corregir ese engrosamiento mediante cirugía, rebajándolo poco a poco o, si sale un brote más atrás, sustituyendo completamente la rama eliminando la bola creada por la acumulación de paso de savia en esa zona.
El aspecto de esta rama, con ese bulto, nos hace pensar inmediatamente en podas drásticas que se realizan sin precaución, como vemos en las zonas ajardinadas o árboles plantados en las ciudades en los que se nota, descaradamente, la mano del hombre.

Llegamos al ápice.

La zona baja de la derecha del ápice es muy densa, tendremos que separar las masas de verde para que no quede tan pesada visualmente. Si lo dejásemos como está, el bonsái se vería descompensado.

Debería ocupar este espacio. Veremos cómo hacerlo.
Ramas a corregir.

La rama que sostengo con mi mano debe afinarse para ocupar su propio espacio separado del ápice y la que está marcada con una flecha la podaremos. Nace junto a otras y, al quitarla, creamos el espacio necesario para mejorar el diseño.

Una vez liberado el espacio.

Ahora que hemos trabajado la rama en cuestión y eliminado la sobrante, procederemos con el ápice. Seleccionamos brotes y reubicamos los que están mal colocados corrigiendo su posición.

Limpio y alambrado.

Pero no podemos dejarlo así. Debemos corregir longitudes de ramas y brotes para mejorar el aspecto. Por ejemplo, la última rama de la izquierda es muy larga, y el ápice ha de ser ajustado también para que su perfil dé el efecto deseado.

Todo en su sitio.

La ichi no eda es, tal vez, un poquito larga todavía pero esperaremos a que brote por el interior para sustituir las puntas de las ramitas y acortarla otro poco.

Ahora toca el trasplante…

Tras treinta minutos tratando de extraer la planta para trasplantarla.

Hacía años que no nos topábamos con un cepellón tan difícil de sacar de la maceta. Estaba tan compacto y lleno de raíces que era normal que sufriera con el riego. Al final nos llevó casi una hora solo el sacar la azalea de la maceta.

Cortar la parte baja del sustrato también entrañó extremada dificultad. Lo hicimos todo con la sierra de desenmacetar.

Las partes ennegrecidas son raíces muertas.

Hubo muchas idas y venidas hasta la manguera para lavar con agua a presión tras cada limpieza.

Tras un rato rascando, podando y lavando…
Y así es como quedó.

Aunque parece poco limpio en la fotografía, se ha arreglado completamente. Se vería paso de luz entre las raíces si no fuese un nebari con las raíces fundidas entre sí.

Lateral derecho acabado.
Aspecto inicial del frente.
Frente una vez acabado.

El nebari ha quedado algo enterrado para que en la zona de la derecha puedan desarrollarse raicillas para completarlo. Esto es muy importante para que las raíces no hagan la típica forma de garra. En los siguientes trasplantes lo iremos sacando paulatinamente.

Esperemos que os haya gustado.

¡Hasta pronto!

David.

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