La forma de trabajar los árboles de origen yamadori que tenemos en nuestras instalaciones es siempre la misma, ojo, no hablamos de prebonsáis de nuestra clientela para que los formemos en el servicio Trabajamos tú árbol.  Cuando nos piden que trabajemos un árbol de origen yamadori no trasplantado por primera vez saben que asumen un riesgo extra.

Véase: si el ejemplar no ha sido trasplantado, el primer trabajo a realizar es eliminar toda la tierra vieja y renovarla por sustrato especial para bonsái. Esto es especialmente importante puesto que ese primer trabajo que se realiza en las raíces conlleva un riesgo altísimo. Hay personas que lo hacen de igual manera que nosotros y otras, profesionales o aficionadas, que trabajan los árboles y después los trasplantan. Esto tiene sus ventajas, además de sus inconvenientes. Por ejemplo, el tiempo de formación del árbol se acorta en uno o dos años. Cuando vas a trasplantar, ya sabes qué estilo de maceta es más adecuada para el diseño del bonsái, puesto que ya está formado y, si el trabajo de formación ha sido suave, puedes afrontar un trasplante de manera normal.

Sin embargo, si debemos abordar grandes torsiones, ya sea solo en el tronco, solo en las ramas o en tronco y ramas a la vez, no podemos hacer un trasplante al uso en la misma temporada, es decir, lo trabajamos en otoño o invierno y trasplantaríamos en esa primavera que llega. Tendríamos dos opciones:

  • La primera, esperar a la primavera siguiente para que la planta haya podido recobrar vigor. Pero aquí nos surge un gran problema. Hemos de mantener, durante una temporada más, nuestro árbol en la tierra original que, generalmente, es de pésima calidad. Esto supone que, ese sustrato viejo, compacto y con poca aireación, va a empeorar porque alrededor se habrá puesto una tierra de mejor calidad y las raíces estarán creciendo allí, cerca del borde de la maceta, de modo que, el interior del cepellón, irá quedando más huérfano de raíces finas según vaya transcurriendo el tiempo. Podemos adoptar medidas paliativas haciendo agujeritos en esas partes más compactas del suelo e introduciendo sustrato nuevo en dichos orificios que favorecerán la aparición de raicillas interiores, aunque hemos de advertir que, este truquito, funciona mejor si lo hacemos desde el momento en el que el árbol ha enraizado, cosa que, a veces, es imposible cuando se trata de un ejemplar que acabamos de adquirir y lo ha recuperado otra persona no se sabe cuándo.
  • La segunda opción es hacer un SACAMETE. Es decir, hacemos un trasplante muy superficial en el que sacamos el árbol y lo metemos en su maceta nueva tocando el cepellón lo menos posible. De este modo se trasplanta pero reduciendo el estrés casi a cero. Lo malo, lo mismo del caso anterior, seguiremos teniendo ese sustrato viejo que irá empeorando con el paso del tiempo.

Claramente estos trasplantes son “más seguros” que uno en el que se elimina todo el sustrato viejo. Se ha entrecomillado ese “más seguros” porque, dependiendo del tipo de tierra original, de la mezcla nueva usada como complemento en su recuperación, del vigor del árbol, el tipo de cultivo que se le proporcione (cantidad y calidad del abonado, calidad y frecuencia de riego, influencia de la meteorología, plagas…), todos esos factores pueden influir muy negativamente en la salud del árbol. Evidentemente, si todas esas circunstancias se controlan de manera perfecta, nunca tendremos un problema, pero hacerlo de manera perfecta es muy díficil. Por eso, cuanto más posterguemos la limpieza del sustrato original, más nos arriesgamos a un decaimiento irreversible de la salud del bonsái.

Visto este primer punto: nosotros trasplantamos antes de realizar el primer diseño y aprovechamos para colocar el árbol lo más cercano a su ángulo de plantado ideal. Una vez hecho el traplante, esperamos hasta el siguiente otoño o invierno para poder trabajarlo salvo que el árbol haya brotado con vigor insuficiente para afrontar el modelado, por lo que esperaremos a que tenga fuerza de sobra, ya sea un año, dos o los que sea necesario.

-¡Buff!- Estaréis pensando-¿Y así cuántos años he de esperar para verlo hecho?-.

Lo hemos dicho antes: lo que sea necesario. En condiciones normales, se tardan unos diez años desde el primer diseño. Evidentemente, dos brotaciones después de ese trabajo, veremos resultados, muy buenos resultados. El pino de este árticulo muestra esos progresos a pesar de haber sufrido algunos problemas de cultivo, pero estamos hablando de poder llevar nuestro bonsái a una exposición de alto nivel y, para eso, lo ideal es poder exponerlo sin alambre o con muy poquito.

De igual manera no deberíamos llevar nuestro árbol a exponer si no podemos realizar una composición decente, es decir, puede que no encontremos la mesa del color ideal o que sea un poquito más pesada de lo que necesita el árbol, pero no lo llevemos en la primera que tengamos a mano y de la que sobresalgan las patas de la maceta o que sea la mesa del comedor de un castillo, o no lo expongamos con un bonsái de acento que, como no tenemos uno que mire en la dirección correcta, pues a este lo damos la vuelta y lo colocamos de espaldas, tampoco deberíamos hacerlo con una planta de acento recién compuesta…

El bonsái es un arte en el que hay que disfrutar del proceso, no podemos acelerar la vida de las plantas para adecuarla a nuestro ritmo. Una persona puede vivir ochenta o cien años, un tejo, por ejemplo, puede hacerlo durante milenios. Por eso les debemos un respeto. No podemos arriesgar la vida de la planta porque nosotros tengamos prisa. Como decía Motosuke Hamano en palabras de su aprendiz Shinji Suzuki: hay que amar a estos seres silenciosos.

Solemos tener la carga de la inmediatez. El quererlo verlo terminado para ayer. Pero hasta algo inerte como un edificio necesita respetar los tiempos de fraguado del hormigón. ¡¿Por qué tener prisa con nuestros bonsáis?! Tenemos un pino en el jardín que procede de yamadori en 2015. Estaba plantado en una jardinera de un metro de largo, en 2017 se trasplantó eliminando todo el sustrato viejo, pero no se pudo cortar la gran raíz que obligó a plantarlo en esa jardinera y en la que hubo que volver a plantarlo. Su formación ha de hacerse con buenas sujecciones pero, al estar en maceta de plástico, esta se deformaría e impediría realizar el trabajo correctamente. Por eso, esta primavera de 2019 se trasplantó a maceta de bonsái, se había aplicado un torniquete a la raíz y se pudo cortar hasta una bifurcación. No fue un trasplante duro, sin embargo, el árbol no desarrolló los brotes con el vigor esperado, de modo que habría que esperar otra temporada porque necesitamos fuerza máxima, vamos, que nos haga unas yemas “como croquetas”, pero, cosas de la vida, a finales de verano se ha descubierto gracias a los restos de sales del abonado, cal del agua, etc., que la maceta está fisurada por lo que, si se ejerce presión mediante palancas o tensores, es problable que se parta, así que se volverá a trasplantar en una nueva maceta por lo que puede que se pueda retrasar el trabajo un año más. No hay problema. Su momento llegará. De momento se seguirá preparando. A las podas previas en las que se han eliminado ramas innecesarias y los “tridentes” (es decir, no se han dejado más de dos brotes naciendo de un mismo punto), se han sumado las limpiezas de acículas y selección de brotes. Aparte de eso, cultivar y nada más. Para que os hagáis una idea, llevaron un pino rojo para trabajar a Mansei-en, el jardín de los Kato, era para hacer su primer modelado y el árbol llevaba ¡quince años desde que fue recuperado sin trabajarse! Solo se le había cultivado: trasplantes, pinzados, limpiezas, abonados, pero no se le había puesto ni un solo alambre.

Pero una vez llega el momento de trabajarlo ¡manos a la obra!

Y de nuevo, ha de imperar la prudencia. Hay veces en las que se puede hacer un trabajo completo en la primera intervención dejando el árbol “de foto”, pero la gran mayoría de las veces, no. Y son esas ocasiones las que debemos saber ver.

Para afrontar ese primer diseño, se limpia el árbol para poder alambrarlo o enrafiarlo sin dificultad. Bueno, se ha de limpiar lo estrictamente necesario. En nuestro caso eliminamos acícula vieja solo según nos molesta para poner el alambre y, a veces, ponemos el alambre “peinando” las hojas para evitar quitarlas y así conservar más vigor. Peinar las hojas, en el caso de pinos, tejos u otras especies que poseen acículas y que nacen muy juntas, significa que ponemos el alambre apartando las hojas para no aplastarlas colocándolo en el pequeño espacio que queda entre ellas y, si el calibre usado no lo permite, quitaremos las hojas en espiral solo por donde ha de pasar nuestro alambre.

Os vamos a poner un ejemplo:

Así lucía antes del trabajo.
Frente.
Febrero de 2018.
Pinus sylvestris 45x80cm.

Como observaréis, las masas de verde están sin definir y no se ha hecho limpieza de acículas. De este modo se garantiza un mayor vigor en la nueva brotación del árbol. Tal vez en este caso en concreto se podrían haber alambrado más brotes y también se podía haber eliminado algo más de acícula vieja de modo que el resultado habría sido más vistoso. Puede. Pero ¿para qué hacerlo? ¿Por lucimiento personal? ¿Para que la gente pueda apreciar un mejor resultado de cara a la galería? Nosotros priorizamos la salud de la planta ante un halago, un aplauso, un reconocimiento popular o un like y este modo de pensar y de actuar definen a David Soto Estudio de Bonsái. Por poner un símil fácil de captar, nuestros primeros diseños se acercan bastante a los resultados obtenidos en las demostraciones de bonsái que se realizan en los concursos o exposiciones en los que, por la falta de tiempo, suele ser difícil dar el mejor acabado a los árboles, por lo que parece que quedan a medias, circunstancia esta que va en beneficio de las plantas al no cargarlas en exceso de alambre, no podar todo lo innecesario o no quitar toda la hoja que sí se eliminaría en un trabajo de refinado.

Podéis ver más detalles del trabajo siguiendo este enlace: La montaña.

Tras devolverlo a su hogar pasado el riesgo de heladas, durante el verano sufrió algo de exceso de riego por lo que decidimos no trabajarlo ese otoño y revigorizarlo. Han pasado dos temporadas de crecimiento. Durante ese tiempo se ha cultivado para poder volver a trabajarlo.

Octubre de 2019.
Pinus sylvestris 47x76cm.

Las masas de verde ahora sí están definidas aunque algunos de los brotes más pequeños no se han alambrado y solo se ha quitado la acícula justa para empezar a equilibrar el vigor de los brotes y para que las “nubes” queden bien definidas. Esta primavera siguiente le tocaría trasplante a una maceta más apropiada aunque no necesariamente la definitiva. Mas volvemos a “respetar los tiempos del árbol”. A pesar de haber mejorado bastante la salud del pino en solo un año (el otoño de 2018 las acículas eran de color amarillo), aun no es todo el árbol de color verde intenso. Su dueño ha de compaginar, como todo el mundo, su vida con sus bonsáis y algunas veces, el riego lo tiene que hacer otra persona no aficionada a este arte, con lo que este pino no está con el vigor óptimo, por eso nos lo ha encomendado durante una temporada para revigorizarlo antes del trasplante.

Con todo esto no decimos que nuestra manera de trabajar sea la mejor. Nosotros creemos que esta forma de hacer las cosas es la más adecuada pero, de igual modo, cualquier otra persona puede pensar que su proceder es el correcto. Simplemente es una aclaración acerca de nuestro método de trabajo, nada más y que quedaría resumido como sigue más abajo.

Cuando trabajamos con prebonsáis de origen yamadori:

  1. Trasplantamos el árbol eliminando todo rastro de sustrato original.
  2. Una vez adquiera el vigor necesario se procederá a su primer diseño.
  3. Tomamos las precauciones pertinentes para asegurar la salud del bonsái tras el trabajo.
  4. Dependiendo de si lleva mucho cambio de ángulo de plantación evaluaremos el momento ideal para realizarlo.
  5. Una vez tenga la fuerza suficiente se procederá a un refinado o, si el árbol necesita un segundo diseño (debido a la dificultad de ciertos trabajos es posible que se deba realizar en varias fases de doblado), lo haremos ahora.

Cada árbol es un mundo diferente y deberemos adaptarnos a las necesidades específicas de cada ejemplar independientemente de que se traten de prebonsáis de la misma especie o de dos completamente diferentes.

Esperemos que os haya sido de ayuda y recordad que: ¡agua del cielo no quita riego!

Un saludo y ¡hasta la próxima!

David Soto.

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