La eutrofización es un proceso no contaminante totalmente

Como se suele decir: toda acción tiene su repercusión, si bien estas consecuencias no tienen por qué ser negativas, o al menos, no para todos. ¿Por qué decimos esto? Porque hay un proceso que está ocurriendo a día de hoy en muchas zonas húmedas, como pantanos, lagos e incluso mares interiores, que está cambiando esos ecosistemas.

Se le conoce con el nombre de eutrofización y es algo que enriquece el ambiente, pero solo en parte. Veamos en qué consiste.

¿Qué es la eutrofización?

La eutrofización es el enriquecimiento excesivo de un medio

Imagen – Wikimedia/F. lamiot

La eutrofización, conocida también como crisis eutrófica o distrófica, es el nombre que se le da al enriquecimiento excesivo de un medio acuático. Para ser más específicos, es cuando un ecosistema, lago, mar, estanque, o etcétera, recibe más nutrientes de los que realmente necesita. Ese abono es, además, suele ser rico en nitrógeno y en fósforo, de modo que en las aguas dulces empiezan a proliferar algas unicelulares, como las diatomeas y las clorofíceas, hasta terminar con las cianobacterias.

Estas últimas formarán una capa superficial, impidiendo que la luz del sol llegue hasta las profundidades. Por este motivo, a partir de aquí lo que ocurre es que se va produciendo sedimento, cada vez más, hasta que, al cabo de un tiempo (años), se forma un suelo lo suficientemente firme como para que los árboles y otras plantas puedan crecer.

¿Cuáles son las causas?

Las causas pueden ser de dos tipos: naturales o de origen humano. Las naturales son, como su propio nombre indica, las que proceden de la propia naturaleza, sin intervención humana. Las plantas necesitan nitrógeno y fósforo para crecer; de hecho, son tan importantes para ellas que se consideran macronutrientes por los botánicos. Por eso, a medida que van muriendo, esos nutrientes se liberan en el suelo.

Si se dan las condiciones adecuadas, esto es, si la cantidad de materia orgánica vegetal que es devuelta a la tierra es considerable, o cuanto menos, se va depositando de forma constante a lo largo del tiempo, es de esperar que el ecosistema cambie. Esto es algo normal. Pasó en el pasado, está pasando ahora y seguirá pasando hasta el último de los días, de modo que no tiene por qué preocuparnos.

Pero ahora hablemos de las causas antropogénicas, de lo que hacemos los humanos, y en particular los jardineros o aficionados a la jardinería. Las personas que cultivan plantas, en general, suelen comprar abonos ricos en nitrógeno y/o fósforo. No es problema: las plantas, como decíamos, necesitan esos nutrientes. Lo que sí es preocupante es el uso excesivo de fertilizantes y abonos, pues sin quererlo podemos contaminar esa agua, alterando la cadena trófica y poniendo en peligro el equilibrio del ecosistema. ¿Por qué?

Bien, pues todos esos nitratos pueden acabar en las superficiales o subterráneas, o incluso pueden ser arrastrados durante una lluvia torrencial hacia el mar, que es lo que ocurre por ejemplo en muchas partes de España. En este país hay muchos lugares donde la tierra permanece seca tantos meses al año que se vuelve muy compacta, impermeable, y además caliente. Hacia finales del verano, cuando empiezan a entrar corrientes de aire frío, se forman lluvias tan intensas que arrastran todo lo que pueden y se lo llevan.

Son lluvias, es agua. Sí. Pero las plantas no pueden aprovecharla prácticamente nada, ya que se lleva consigo los nutrientes, de la propia agua, y de los que les hayamos echado nosotros cuando las abonamos.

Consecuencias de la eutrofización

La eutrofización tiene consecuencias

Los efectos de la eutrofización son varios. Pero antes de nombrarlos, me gustaría que supieras algo: si es de origen natural, este proceso lleva siglos. Se hace de manera lenta, lo suficiente para que todos en ese ecosistema tengan tiempo para adaptarse. De esta manera, la cadena trófica no se ve alterada, por lo que la vida continúa con normalidad.

Pero cuando es de origen humano, ese proceso lleva solo décadas. Una vida humana es suficiente tiempo para que un ecosistema cambie. Por eso es importante, ahora sí, conocer las consecuencias de la eutrofización antropogénica (humana):

  • El olor de las aguas adquieren un olor muy desagradable. Esto es debido a que aumenta la podredumbre, y se agota el oxígeno. Por consiguiente, puede haber pérdidas económicas en el sector turístico.
  • El sabor del agua se altera, volviéndose no apto para el consumo.
  • Debido a la acumulación de sedimentos, un cauce de río que era navegable puede dejar de serlo.
  • Aparecen especies invasoras, más preparadas para vivir en esa zona alterada que las propias autóctonas.
  • En algunos casos, la falta de oxígeno estimula el crecimiento de bacterias tóxicas para los pájaros y, también, para los mamíferos. Por ejemplo, el Clostridium botulinum, causante del botulismo, una enfermedad que afecta especialmente a los bebés humanos.

Teniendo todo esto en cuenta, insistimos en el uso responsable de los abonos, y sobre todo de los fertilizantes. Solo tenemos un planeta, y aunque nos gusta tener plantas bien cuidadas, no por el hecho de echar más cantidad de abono o fertilizante vamos a conseguir que crezcan más rápido, o que den más frutos. De hecho, lo que suele ocurrir es justo lo contrario: sus raíces se sufren daños, las hojas dejan de recibir alimento, y en casos graves, nos quedamos sin planta.

Leamos la etiqueta de los productos agrícolas que compramos y sigamos detenidamente las instrucciones, por el bien de los cultivos, del planeta, y nuestro.

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