¡Hola, familia “bonsailera”!

Otoño/invierno. Épocas de trabajo intensa. Y como tal, os vamos a mostrar el resultado de un pino que ha pasado por el estudio para su refinado tras haberlo diseñado hace un par de inviernos.

El patito feo.

Viendo la fotografía superior es difícil imaginar un bonsái de calidad saliendo de ese material pero, sí, es posible hacerlo con imaginación y técnica. Este tipo de retos son los más divertidos y en lo que podemos sacar a relucir nuestra creatividad.

Este trabajo se inició a finales de 2018, con el trabajo del tocón de madera que realizamos durante una clase. Arriba ya está arreglado. Pero veamos en imágenes cómo fué.

Visto desde arriba.
El resultado con la afamada técnica Si Diao.

Y ahora viene lo bueno. Dar a este pino un aspecto de bonsái, porque era una rama larguirucha con una madera muerta natural muy bonita y un tocón. No tenía más, el resto lo tendremos que “pintar”.

Vista lateral.

Parece que tiene algo de movimiento, sin embargo, desde el frente se aprecia menos. Acentuaremos una de las curvas, la que se dirige hacia el espectador.

Levantamos el tronco.

Si colocásemos las ramas sin doblar el tronco, el tachiagari se vería muy pesado en comparación con el resto del árbol y se vería inestable. La congruencia es algo también a tener en cuenta. Un tronco grueso en la base se ve raro con mucha altura y una continuación delgada independientemente de cómo hagamos la copa. Al revés también pasa, un tronco muy delgado con una gran copa, no da una buena impresión.

Aprovecharemos que el pino nace hacia la izquierda con gran fuerza. La base es algo inestable debido al crecimiento de la parte viva alrededor del shari, lo que ha provocado un engrosamiento por encima de las raíces que son, por otro lado, muy interesantes por lo raro, ya que se enredan entre ellas como una trenza.

La idea es llevar el movimiento del bonsái hacia la izquierda, acompañando el nacimiento del tronco, con las raíces tratando de agarrarse firmemente al suelo en una lucha por conseguir estabilizarse. Destacaremos el shari craquelado natural enmarcádolo con el verde. Podemos diseñar este material con el movimiento a derechas: …el pino crecía hacia la izquierda pero un accidente destrozó esa zona dejando como resultado un shari y un jin y nuestro ejemplar se rehizo creciendo hacia el lado contrario. Es viable, por supuesto, pero el efecto de dramatismo de las raíces agarrándose al suelo se perdería, por eso se decidió hacer el diseño remarcando ese nacimiento que se dispara hacia la izquierda con las raíces clavándose en el suelo para sostener el peso del tronco.

Cuando diseñamos un bonsái debemos pensar en qué queremos destacar del material y cómo hacerlo y luego en dar coherencia al conjunto, es decir, que se vea claro el movimiento del árbol, puede ser más o menos destacado, pero que no genere confusión. No confundamos con crear tensión y sobre todo, no perdamos de vista la misión de la rama principal que es la RAMA CREADORA DE DISEÑO, ella nos dice hacia dónde va el bonsái, no podemos poner luego la copa mirando en dirección contraria.

Primer doblado.

Con solo esta doblez ya se vislumbra el futuro bonsái. Sin embargo, todo el tronco se dirige ahora hacia adelante, mas lo hace en demasía, de modo que volveremos a doblar llevando la copa hacia atrás y después levantaremos el ápice hacia adelante nuevamente con una de las ramas para dirigirla hacia el espectador pero ya de manera armónica.

Llevando el tronco hacia atrás. Tendremos que volver a tensar hacia abajo la parte que levantamos porque se yergue desde el inicio de la curva y no queremos eso, el objetivo es añadir un nuevo giro, no desdoblar el ya hecho.
Frente original.

Desde este punto de vista podemos apreciar lo que hablábamos unas líneas más arriba cuando comentábamos la congruencia del diseño y que la copa debe seguir el paso que le marca la rama principal. El ápice se vuelve algo hacia la derecha, restando fuerza al conjunto al crear confusión, de igual manera, también se ve más estático aunque corrigamos el giro de la copa.

Al trasplantar material yamadori como este por primera vez se trata de colocar de manera que quede lo más cercano a su posición final, pero a veces, la disposición o longitud de las raíces impiden hacerlo o, como se hace en el mismo momento y con la urgencia del trabajo, el diseño futuro del árbol se esboza o se esquematiza de manera muy aproximada, sin contar con que, al llegar el momento de trabajarlo pueden surgir imprevistos u opciones que hacen que cambiemos de parecer y nuestra ideal original se modifique. Es el caso de este pino.

Frente elegido.

Ahora vemos más coherencia con el frente elegido. Se han tapado las ramas traseras porque había un par de ramas que había que cortar debido a que no entraban dentro del diseño por ser demasiadas, pero las dejaremos al menos un año para que nos ayuden a fijar la posición del tronco y nos ayudarán a que el árbol tenga más fuerza al conservar más hojas.

Lateral derecho.
Izquierda.
Otro posible frente.

Desde este punto de vista el bonsái es más dinámico aunque la base se ve algo más estrecha. Veremos cómo evoluciona y decidiremos.

Como siempre que hacemos un primer diseño con unas torsiones tan importantes, casi no limpiamos hojas viejas, quitando las justas para poder pasar los alambres con facilidad. Tampoco colocamos todos los brotes para evitar un estrés innecesario. Ya colocaremos más en detalle en el siguiente trabajo.

Dos años después.

Han pasado dos estaciones de crecimiento y nuestro pinito se ha desarrollado bien. Al quitar los alambres se ha quedado bastante despeinado. Ahora sí limpiaremos hoja vieja, en algunos puntos quitaremos algo de hoja nueva para equilibrar el vigor de los brotes y eliminaremos ramitas o yemas que nacen en lugares innecesarios. Podaremos aquellas ramas que dejamos para ayudarnos en el cultivo y las convertiremos en jines.

Limpio.
Alambramos.

Aquí estamos a medio camino con el modelado.

Lateral derecho.

Desde el lado se ve cómo se han levantado las ramas de la parte de atrás del ápice al desalambrar. Podemos apreciar las curvas que dimos en el primer modelado así como los jines resultantes de la poda de las ramas.

¿Terminado?

Esta vista es desde el frente alternativo que no nos acaba de convencer por la sensación de inestabilidad de la base de raíces.

Frente.

Nos seguimos quedando con el frente elegido en primer lugar. Tal vez, en unos años cambiemos de parecer porque la base haya mejorado.

De todas maneras algo no cuadra aquí. La rama de contrapeso parece desconectada de la copa y la rama trasera se ve demasiado baja, con lo que frena el movimiento del bonsái hacia la izquierda al darle demasiada importancia al lado contrario. Vamos a corregirlo.

Resultado final.

Solo con esos pequeños retoques el diseño cambia una barbaridad. La importancia del ritmo entre las masas de verde, su volumen, inclinación, espacio entre ellas, longitud en relación al tronco, la amplitud de la copa, la medida y dirección de los jines o sharis, los espacios vacíos, la posición de plantado en la maceta (aquí no podemos verlo por no estar situado en su posición), forma y color de la misma…TODO, ABSOLUTAMENTE TODO ha de ser tenido en cuenta en un diseño de bonsái para poder elevar nuestro árbol al nivel de arte.

Esperemos que os guste el trabajo y podáis aplicar algo de lo aquí aprendido para vuestros pequeñines.

Ya andamos buscando maceta porque toca trasplante esta primavera que viene para corregir algo de las raíces y plantar en el frente elegido. El ponerlo en su maceta definitiva no es imperioso y puede esperar. Pero si podemos pasarlo a un tamaño menor, eso que habremos avanzado, si no se puede, lo dejaremos en su maceta actual, aunque no puede ser más fea la jodía.

Hasta pronto.

David.


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